jueves, 22 de octubre de 2015

Bohemian World: Good vs Toxic

Bohemian World: Good vs Toxic: -Hi-  so it's not been that long tho i just have  a lot in my mind lately and i can't really figure out what to say ad how explicitl...

miércoles, 28 de agosto de 2013

Paraíso cero gravedad.

Paraíso cero gravedad.

La vida suele ser bastante irónica. Te hace subir tan alto a veces, que llegas a dudar de la gravedad. Y del suelo. Y del techo. De todo. No  comienza ni termina en un punto determinado. Solo es la vida y ya.

Luego, te recuerda que la ruleta rusa es mucho más estable que ella. El mercurio y la vida hacen competencia por la inestabilidad. No es como si pudieras creer demasiado en ninguno de los dos. Se da la vuelta, una y otra vez, se mueven y te marean.

A veces conoces el lugar donde estas. Apuestas por él. No hay manera de que sea diferente, tu trabajaste para que fuera tal y como es. Luego, simplemente pierdes la apuesta. Los años de trabajo. Nunca des nada por sentado, te suena en la cabeza, a mitad de la noche, cuando nada tiene sentido.

Era tan solo yo. Con mi montón de basura reservada en un rincón, y lo útil dándole provecho en  la realidad. La sonrisa de los buenos días, la risa de los chistes malos y yo. Solamente lo que el mundo necesitaba ver. Resistencia, carisma y valor. Valentía ante todo. Lo demás, estaba almacenado para otra vida.

Pero entonces ocurrió. Se acciono un mecanismo que yo desconocía. No sé quien  y en qué vida presiono el botón equivocado. ¿Carisma, valentía, resistencia? Nada que te salvara realmente la vida. Nada que pudiera sacarte a la brevedad de lo que se venía.

Resistencia era lo único que nos queda. Resistir a lo que venía. Tu vida entera paso frente a tus ojos. Los momentos excelentes que compartiste y la gente que los hizo posible. Las risas y los gritos de alegría cuando estaba funcionando. También pasaron aquellos en los que no hubo más que resignación. Los momentos agrios, donde llorar fue la única salida. Los recuerdos de los rostros que para bien o para mal tuvieron que ver con esas lágrimas.

Las fechas…Esas que por nada del mundo te dejan. El recuerdo claro de donde estabas hace una semana, un mes o un año, un  día como hoy. La estupidez que pensabas ese día, o las cosas malas que ya tenias seguras.

La apuesta equivocada que ya habías hecho. Es imposible no sonreír porque sabes que es un hecho. En el fondo conoces la realidad mejor que nadie. Sabes que sonreír es la única de manera de decirle a la vida que vaya a joderse a otro lado. Porque ella te ha mandado a joder a ti. Sin consideración.

Da la vuelta completa a la esfera. Estabas caminando al ritmo en que ella giraba. Así cuando daba la vuelta, no te ibas de narices contra el piso. Pero ya ves, el giro fue tan repentino que no caminaste. No le seguiste el ritmo, te has ido de bruces.

Has caminado fuera del lugar y has visto todo al revés. Todo sigue flotando, tal como estabas tú, pero ahora, tu si conoces el piso. Ahora si existe la gravedad. La conoces, porque ella te ha alcanzado.

Y es entonces cuando la basura que habías dejado detrás del sofá, toma forma y habla. Aprende a decir cosas, como verdades. Como recuerdos. Susurra fechas y hace preguntas. Cosas como que pasó ayer, y que hiciste mal. Y el eterno si hubiese, que parece que jamás le queda grande nada.

Y con el paso de los días, aprenden a caminar. Comienzan a poblar otras zonas. Y entonces salen de noche, mientras duermas, luego mientras comes, y te hacen soltar el tenedor. Cuando caminas, haciéndote ver directo al cielo buscando respuestas. Cuando llueve, porque otra vez hay un mar de cosas afuera y un millón adentro. Cuando sale el sol porque hace calor y se asfixian.

Cuando estas solo sobre todo, porque no hay manera de que no la escuches. La basura tiene el poder, y llena todo tu cerebro y tus tiempos. Y entonces llega la impotencia. La culpa, la ira y la frustración. El dolor en el pecho y la rabia de sentirlo. Los golpes al aire, los dolores de cabeza y el malestar general. El no comer por estar alimentado de nudos de palabras. El no reír porque no hay suficiente cinismo en tu sistema. El no llorar porque te molesta la sola idea de ser débil nuevamente.

Y la gente continua pasando. Tal vez ellos también están viviendo el efecto gravedad y yo no lo sé. O tal vez ellos aun viven en la tierra gravedad cero donde yo solía flotar. Donde parecía funcionar.

No dabas explicaciones. No había preguntas. Fin.

¿Se supone que puedes correr? Tal vez. El único detalle, es que el problema no está en el lugar, sino contigo.

Y es entonces cuando nada es suficiente. Hace demasiado frio, pero también hace calor. No hay hambre, pero tampoco sueño. Y ninguna persona puede. Nadie satisface el vacio. Las ganas y las risas. Nadie entiende  de qué se trata. Están todos demasiado ocupados tratando con tu versión cero gravedad,  como para notar que en realidad estas en el suelo.

Las nubes, el cielo, el techo, las estrellas y todo lo que demás que está por encima de tu cabeza, les ha mandado saludos a todos los que están conmigo en el suelo. Es una tierra un tanto inhóspita esta que estas conociendo, pero asumo que es como tiene que ser.

Nada nunca es de fiar, y la vida menos. ¿Qué si te lo merecías? Tal vez no. Pero igual lo tienes. La gota que te está cayendo en la frente, va a seguir torturándote por mucho más. Más fría, más tibia, más insistente o prolongada.

Se llama tortura. Y la ejerce un verdugo que no tiene vacaciones ni descansos. Uno que fácilmente puedo dedicarse a ello todo el año. Tu mismo.

Extrañas treparte en esa otra realidad. Se suponía que tenías un lugar en ella. ¿Cómo es que tan rápido consiguieron un remplazo para ese hueco? ¿Es que nadie nota que falta alguien? Probablemente no. En el universo de los felices mientras tanto, nadie nota que un personaje va o viene. Eso requiere un uso excesivo de realidad, que allá no existe.

Hay risas. Y fotos. Y recuerdos. Y fechas. Momentos, casas, quesos, cosas. Apoyo. Un nido de ladrillos que te protege de lo demás. Confianza y saltos al vacio sin caída y por minuto.

Déjate caer es el lema. Sabes que de todas maneras no vas a llegar al suelo. Lo pues rozar, pero algún imán, la magia, o una escalera te van a llevar allí de regreso antes que lo toques.

Hasta que no pertenezcas allí. Hasta que sea momento de decir adiós. De salir a la realidad…real. Rendirle cuentas a todas esas partes de ti que han estado haciendo preguntas desde abajo hacia arriba. Estabas sordo, por eso tal vez no las escuchaste, pero ellas hace meses que están reclamando atención.

Miras hacia arriba y le sonríes con cinismo a los que allá se quedaron. O a los que se mudaron de zona pero ni por equivocación se bajaron. Vez a quien está en tu lugar, y te preguntas si acaso  lo merece más que tu.

Pero entonces recuerdas que hace años que estas cayendo. Que solo habías sido demasiado astuto como para no terminar de ponerle la frente al piso. Entiendes que esa caída era inevitable, llegara o no a existir alguien que se quedara en tu vacante.

Le deseas que le vaya bien. Que logre quedarse ahí para siempre. Le recomiendas que se agarre fuerte y comienzas a caminar. Al fin.

Superas el estupor. Terminas de ver al cielo y comienzas a ver el suelo. Es hora de seguir. Tal vez consigas como regresar allí, pero por ahora, comienza a ver qué haces con lo que tienes.

Te acuerdas que se puede ser hipócrita con uno mismo. Te vuelves a ver en el espejo y le dices a tu reflejo que todo estará bien. Logras mandar la basura al rincón de antes y hasta nuevo aviso cierras por reparaciones.

No entra nada malo, pero tampoco nada bueno. No estás en capacidad de diferenciar una cosa de la otra. Teniendo los demonios sueltos, es imposible que puedas hacer juicios asertivos.

Te comienzas a abstraer. No puedes siempre fingir que estas arriba con ellos. Así que comienzas a aceptar y a hacerles saber, que están en niveles distintos. Superas algo el drama, y llega a la amargura de resignación.

No es no, pero no es si. No es nada y está bien. No necesitas ser convencido de ninguna opción, estas bien así.

Consigues un pasatiempo. Miras atrás y te recuerdas que antes eras aun más pequeño. Que has crecido y te tratas de convencer que ha valido la pena. Tiene que valer la pena.

Miras hacia delante. Ahora si sientes tus pasos. Sientes como tus pies caen sobre el suelo. Con claridad, y con cada gramo. Cada milímetro de tu cuerpo pegado al concreto.

De vez en cuando tienes la fortuna de escuchar uno que otro canto desde el paraíso cero gravedad, y cantas con ellos porque te sabes la canción. Ya la cantaste, más de una vez.

Y sonríes e nuevo. Por la nostalgia, los buenos momentos, los recuerdos que te llevas y lo que te duele no estar ya en la misma página. Luego vuelves a amargarte, regresas al punto sin retorno de la autocompasión. 

¿Por qué a mí?...Se corta la canción a la mitad. Ellos siguen cantando, tú quisieras apedrearlos. Golpeas algo a tu alcance y sigues.

Siempre sigues.

El paraíso cero gravedad también sigue. Ya no sabes si la gente cae o si está arriba. De repente dejas de saber de ellos. No te interesan demasiado. Si están arriba, son demasiado positivos para ti. Si están abajo, probablemente demasiado negativos. Nada en extremo es bueno.

Y sigues.

Los del paraíso, en el algún lugar también lo hacen. ¿Habrá cambiado la canción que solían entonar allá? Probablemente.

Con el tiempo dejas de hacer preguntas idiotas. Conoces la resignación, la aceptación y la superación. Ya no te acuerdas mucho de cómo era por allá. La vida que tuviste, ahora es parte de la basura reservada para otra ocasión.

Así, cuando comienzas a aprender a ser cínico con la vida, pero no contigo mismo, aparece de repente. A lo mitad del camino, es nuevamente la escalera al paraíso sin gravedad.

No importa que tanto doliera haber caído de allí. No importa que sepas que tu única certeza al subir, es que bajaras. Ya no importa nada, porque ya le estas sonriendo, y antes que te des permiso a ti mismo, estas arriba entonando las canciones que solías conocer y repitiendo el patrón. Porque lo necesitas.

Necesitas quitarte la gravedad de vez en cuando. Ella volverá y tú la pasaras mal, pero hasta que eso ocurra, te trepas en la nube y te olvido que el suelo, el techo, el cielo o algo existente mas allá de lo que tengo ahora. 

Le sonreirás de nuevo. Porque va a valer la pena. Si así no fuera, muchas cosas hubiesen estado mucho peor desde antes.

Si regresar a tu paraíso no va a valer la pena, nada mas lo ahora de ahora adelante. No es masoquismo, es sobrevivencia, necesidad y placer. Nadie quiere un corazón angustiado por mucho tiempo.

Y sigues. Siempre sigues. Ahora, de nuevo en el paraíso cero gravedad, hasta nuevo aviso.


Sigues…