Capitulo I
-¡Maldición!- grite tratando de enderezarme en la cama, hecho que se me volvió prácticamente imposible porque me enrede con las sabanas.- Carajo.- en el piso, esparcido en varias partes estaba mi BlackBerry junto con mis cosas, fuera mi bolso de mano. Me acerque a mesa de noche y aparte mi sostén de sobre el reloj.- Me van a cortar la cabeza.- maldije al ver la hora. Tenía una hora de retraso y hoy teníamos reunión de rediseño.- ¡Hoy me botan!- volví a gritar mientras tomaba de una de mis gavetas una muda de ropa interior limpia y me metía en el baño.
-La noche contigo es muy buena, pero el despertar da migraña.- susurro ¿Cómo era que se llamaba? Bueno, ese.
-Ojala pudiera decir lo mismo.- le grite desde el baño. Lo había conocido en una fiesta anoche y después de unos cuentos tragos habíamos terminado aquí, pero las cosas no habían sido como pintaban. Bello, moreno, corpulento, y de ojos claros, no hacia grandes cosas.
-¿Qué estas queriendo decir?- pregunto indignado.
-Cielo, fue un momento muy lindo, de mucho alcohol también, pero ya es etapa cerrada. Estoy tarde para una reunión que decide mi carrera, así que no tengo tiempo para conciliar. Amanecí de un humor de puta madre, así que vístete y adiós.- le tire su bóxer que estaba en la puerta del baño y me encerré.
-Coño voy a llegar tarde.- me repetí mientras me vestía.
Corrí al ascensor mientras terminaba de enfundarme en mis tacones morados. Moví un poco mis tobillos, para terminar de adaptarme a los zapatos.
Salí a toda velocidad al vestíbulo del edificio, apretando el suiche del carro entre mis manos. Camine a toda prisa al estacionamiento, antes de percatarme de que la bota de mi pantalón chicle estaba atascada entre el contrafuerte del zapato.
Me incline apoyándome en el capo del carro para acomodarlo antes de dejar caer las llaves del carro.
-Coño, que día.- me agache y observe las llaves debajo del carro.- ¿Cómo mierda voy a sacar eso de ahí?- no estaba dentro de mis planes poner mi pantalón de Channel en contacto con el grasoso suelo, pero al parecer no tenia de otra.
Con el máximo cuidado del mundo, me arrodille en el suelo y estire mi brazo enfundado en un suéter blanco de tela de algodón hacia las llaves, con miedo de chocar mi brazo con la parte de abajo del carro.
-Que gloria de día.- susurre cuando logre alcanzar las llaves y entre al auto. Ya no iba una hora tarde, ya iba dos, me había saltado la reunión de hoy.
Antes de salir del estacionamiento, me calce mis lentes de sol y me incorpore al tráfico de la ciudad del viento.
A lo lejos observe el imponente edificio donde se llevaba a cabo una de las revistas de moda y mujer más importantes de todo el país y continente: Can Can.
Deje mi carro en el estacionamiento de los empleados y tome el ascensor marcando el número de la última planta, la 70.
En cada piso se detuvo el ascensor a dejar a alguien o a subir alguien y casi muero de la desesperación. ¿Es
que el mundo no entiendo que voy tarde?
Cuando al fin al cielo y al Dios que esta allá arriba le dio por permitir que llegara, corrí camino a mi oficina atravesando gran parte de la redacción y atropellando a más de una reportera.
-Que se quiten demonios.- les grite.- Jessica a mi oficina ¡YA!- también le grite a mi secretaria mientras
pasaba por su mostrador, directo a mi hueco como me gustaba llamarlo.
En lo que logre poner mi trasero en la mullida silla detrás de mi escritorio de roble, el dolor de mis pies me ataco. Lo malo de los maravillosos tacones de aguja de Jimmy Choo es que no tienen consideración contigo cuando vas llegando tarde. Lograr correr y mantener el equilibrio con ellos era un verdadero reto, mucho más considerando que los que usaba hoy no tenían plataforma.
-Señorita Swan, muy buenos días.- saludo con profesionalismo mi mejor amiga Jessica.
-Al diablo con los formalismo Jess, casi me arranco una uña postiza de 10 dolares del estrés. Me perdí la reunión de rediseño, y ahora no tengo ni idea de que es lo que voy a publicitar.- me puse de pie y comencé a caminar por toda la oficina.
-Está bien Bells, no te preocupes, Tanya, la ogro mayor, Denali no vino hoy. La resaca no la dejo pararse de la cama.- se rio y me quede viéndola.
-¿Tanya dijo que no vendría porque no se podía parar de la resaca?- la traspase con la mirada.
-¿Qué es Bella? ¿El de anoche no hizo lo que le tocaba, o eres tú la que no la deja ser la resaca?- le lance el primer lápiz que encontré, que esquivo con maestría mientras reía.
-¿Entonces qué? ¿Para cuándo quedo la reunión?- me volví a sentar ya más tranquila.
-Bueno hay que esperar que la editora en jefe pueda sostener su culo en pie.- la mire con seriedad.
-Que sea una perra no significa que podamos ir por toda la revista hablando mal de ella, no se nos puede olvidar que igualito es la jefa.- la reprendí.
-Bueno, tanto como la jefa, será de los redactores, porque tú y yo trabajamos en otro departamento, pero está bien jefa, lo que usted diga. En otro tema, temprano llego una invitación para un coctel de publicistas en el medio editorial. Van a presentar al nuevo jefe del departamento de publicidad y relaciones públicas de la competencia. Dicen que es un tipo que está podrido de bueno.- nos miramos y comenzamos a reír.
-Vamos a tener que pasarlo por control de calidad entonces.- me señale de cuerpo entero y explotamos en risas de nuevo.
-Bueno con seriedad, ¿Confirmo tu asistencia para el coctel?
-Por supuesto, lo que me hace falta es una fiesta y un tipo nuevo en la lista. Pero necesito ir a comprar zapatos, no tengo nada que ponerme.- Jessica se rio en mi cara.
-El descaro es tu mayor cualidad, ¿con que moral tú me vas a decir que no tienes zapatos que ponerte? Por Dios Isabella Swan, tienes un alrededor de 25 pares de zapatos de tacón de aguja. Algo debe haber en tu closet.- se acercó a mis escritorio y deposito sobre este la fina tarjeta de invitación.
-Ya Jessica deja de criticarme y anda a haber si trabajas, para algo te pago.- le grite en tono de burla y me miro con odio.
-Por cierto, ¿Qué te paso hoy en el pelo? Lo tienes más despeinado que nunca.- se rio de mi cara de pánico y salió triunfante por la puerta, contoneando la caderas.
Abrí mi cartera y saque de mi bolsito de cosméticos mi espejo de siempre, y me mire. Las ojeras estaban marcadas en mi rostro y se me estaba decolorando el bronceado que me había hecho hace unos meses. Ya me salia otro sesión.
Mi cabello, que estaba por encima de mis hombros, no estaba liso y en su sitio. Por el contrario tenia mechones ondulados y algo de friz.
-¿Es enserio?- grite al darme cuenta de que había dejado los lentes de contacto.
Me acerque a mi teléfono y marque la línea de Jessica.
-¿Qué pasa ahora?- ladro desde el otro lado.
-Hazme ya una cita esta tarde para la cama de bronceado, ya estoy pareciendo un vampiro de nuevo, y cancela mi cita de esta hora, voy a mi casa a buscar mis lentes, los deje- grazne a través del teléfono.
-Por Dios Bella, que un día andas con los ojos marrones no te hará extraterrestre.- casi la estrangulo.
-No vuelvas a decir en voz alta que tengo los ojos marrones. Y no son marrones son chocolate. Pero el punto es que hagas lo que te digo carajo. Me voy a buscar mis lentes, no me soporto ese color a barro en mi cara.- y con eso le colgué, tome mi bolso y me encamine de nuevo hacia el estacionamiento.
-Por cierto.- le llame la atención a Jessica cuando pase por su lado.- ¿Cuándo es que es el coctel con el hombre sexy?- me afinque en su mostrador.
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