Recuerdan aquella entrada que publique semanas atrás? Aquella donde técnicamente, me echaba la culpa, por no prestarle la suficiente atención a mi entorno? Donde deje saber que tengo la capacidad de ignorar lo obvio? Bueno, al parecer, ignorar lo obvio, es algo contagioso, porque ya no soy solo yo.
Irónicamente, la gente a mi alrededor últimamente se ha desquitado conmigo, por mi aparente falta de tiempo y atención, por sus excéntricas y divertidas vidas. Sus maravillosas anécdotas y aquellas aventuras que están viviendo, parecen ser mas importantes, que mi propia supervivencia, de una manera extraña, lo se.
La necesidad del mundo de tener mi atención, se comenzó a volver enfermiza, a un punto egoísta, y mezquino. Como demonios me parto en dos para estar con todos? Esa es la pregunta del mes, porque de la semana, es muy poquito.
A pesar del egoísmo aparentemente obvio de la humanidad hacia mi condición, también humana, como siempre, se consigue la manera de echarse la culpa.
Parece que eso de echarse la culpa de aquellas cosas, que obviamente están fuera de tu alcance, es una condición tan genética y patológica, como ignorar lo obvio. Al parecer van de la mano, abrazadas de su hermanita gemela y malvada, llamada culpa.
Nos echamos la culpa, ofrecemos disculpas, prometemos hacer hasta lo inhumano para mejorar la situación, obtenemos una sonrisa en contra parte y luego, vuelves a ser la parte mala y negativa de la relación.
Fácil y simple, nunca nadie esta contento, a veces, en el peor y mas triste de los cosas, el infeliz eres tu mismo.
Desde una temporada algo larga y poco fructífera de mi vida, para acá, me he identificado fuertemente con una frase, aunque yo mas bien la llamaría excusa. Si, es la excusa vana y tonta que alguna vez todos hemos inventado, para intentar explicar aquellas cosas, que a simple vista, no tienen explicación, que carecen de sentido y que hacen daño.
Mi explicación predilecta para aquellas cosas que no tienen sentido: "Deben estar bien, sino, ya hubiesen llamado".
No puedo existir nada mas absolutamente literal, que esa frase.
El ser humano en su condición, de ser pensante, con sentimientos, necesidades y deberes, que se pelean unos con otros, a veces, tiene la capacidad de anular todo lo anterior, perder su capacidad humana, y solamente ser.
A veces se es muchas cosas, y en otras ocasiones, solo se es una. Simple, puro, llano y egoísta.
Inevitablemente, cuando el ser humano se halla a si mismo, en la cúspide de sus logros, rozando los anhelos con los dedos, al fin obteniendo aquellas cosas, que le han costado mas que nada, no se acuerdan de aquellos que se quedaron abajo, por irónico que suene.
Sabemos que nos dieron la mano, los usamos como trampolín, y luego, bueno, simplemente no existen.
Nombre? Dirección? Amistad? Existencia? Bueno, eso al parecer no se ve desde la cima.
Quieres recordar como se llaman los que quedaron abajo? Tírate de cabeza de la cima de la montaña, allí tu memoria regresara, y seguramente, en lo obvio de la situación, volverá a ser tu lema..
Porque, no lo vemos, inevitablemente nunca lo hacemos, no estamos ni cerca de entender la condición de los demás, jamas conocemos demasiado nuestro entorno, nunca tenemos las respuestas necesarias, no hacemos ni el mas mínimo intento de entender los pensamientos de los demás, pero en nuestros mejores momentos de descaro, seguimos repitiendo, ¡Oh Vamos! No puedo creer que no te des cuenta!
Gratificante, no dejas de sorprenderme y a la vez me reprocho por no leerte más seguido
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